| Una Constitución que prescinde de
las raíces y de la identidad de Europa |
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| No se puede construir nada
duradero negando o ignorando la verdad: que el cristianismo ha sido el elemento
histórico unificador de Europa. El humanismo que impregna la democracia europea es, en su
base, humanismo cristiano. Este razonamiento es válido para creyentes cristianos y no
creyentes; es válido para los respetuosos con la Historia. Defender esta realidad no es
defender que Europa sea confesionalmente cristiana. Con esta Constitución, Europa
se avergüenza de lo que fue, de lo que es, y de lo que está dispuesta a ser. |
| La indefinición de valores marca
la indefinición del proyecto constitucional. Europa es mucho más que un
supermercado. No aprobemos un texto que dará primacía a los parámetros
económicos, y que creará un "cuerpo sin alma" que renuncia a reconocer su
propia Historia. Esta Constitución no refleja el espíritu europeo. El
alma europea es la de hombres como Schuman, fundador de la UE, y no la de los
economicistas que hoy día priman los resortes de poder frente a un espíritu de unidad
europea. Votar 'no' a esta Constitución no es ser antieuropeísta, sino pretender
una Europa mejor. [volver] |
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